America, Argentina
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    UN POCO DE AMOR POR LA PATRIA

     

    «Me hierve la sangre al observar tanto obstáculo,
    tantas dificultades que se vencerían rápidamente
    si hubiera un poco de interés en la patria»

    Manuel Belgrano, Carta a Rivadavia del 6 de mayo de 1812

    Belgrano ―uno de los tantos y tantas que soñaban con una Patria libre y soberana y que se animaron a soñar, pensar y construir las bases de un país que ya no fuera colonia de nadie― se rebelaba contra la avaricia del Triunvirato que retaceaba insumos para el Ejército del Norte. Hoy, como entonces, cuando celebramos un nuevo aniversario de la decisión de vivir en libertad, soñamos, pensamos y construimos la Patria enfrentando dificultades y obstáculos que serían fáciles de vencer si todos pusiéramos el interés común por encima de intereses mezquinos que surgen, también hoy, de la avaricia, el cálculo político y el afán por destruir lo que se interpone en su camino.

    A pesar de la urgencia a la que nos somete la pandemia, es preciso aprovechar esta fecha para de-tenernos a pensar qué significa para nosotros la Patria. ¿Es sólo un suelo, el contenido de un mapa, que se nos presenta como oportunidad de enriquecernos? ¿Es, tal vez, una magnitud matemática de habitantes a la cual controlar y dominar para ser dueños del poder? ¿Es, quizás, el campo de batalla de conflictos de intereses a costa del interés y el bien común?

    En la tradición bíblica, la Patria es promesa y sueño de vivir como un pueblo libre y de hermanos y hermanas. La Tierra Prometida moviliza a Israel a liberarse de la esclavitud para encontrar un territorio donde realizar su libertad, donde vivir como comunidad que construye unido y solidario su vocación de pueblo. Promesa y sueño similares a los que movilizaron a Belgrano y a tantos otros patriotas a poner en juego la propia vida para hacerlos realidad, y que sigue movilizando a tantas y tantos a hacer del bien común el objetivo de sus luchas cotidianas.

    Son muchos los obstáculos y los intereses que hoy buscan impedir la realización de esa promesa. La preocupación por superar esta pandemia sirviendo a la vida se ve confrontada con mensajes permanentes que horadan todo intento por cuidarla.

    • Las medidas sanitarias de prevención deben enfrentarse con comunicadores que sirven a intereses inconfesables, pero de todos y todas conocidos, se esfuerzan por imponer el falso conflicto entre libertades individuales y medidas sanitarias.
    • Un gobierno que ha buscado el diálogo y la acción común debe hacer frente a dirigentes políticos de la oposición que, en lugar de ponerse a la altura de la situación y actuar con generosidad y espíritu de colaboración, por un puñado de votos llaman constantemente a la rebelión e incluso incitan al delito.
    • El esfuerzo por paliar la crisis económica, condicionada por la deuda heredada y las consecuencias mismas de la pandemia que la inscriben en una crisis global, es atacado por los poderes económicos que aprovechan la situación nacional y la coyuntura internacional para obtener pingües ganancias, aun a sabiendas de que así condenan a la pobreza y al hambre a millones de sus compatriotas.
    • La decisión de gobernar la situación inédita de la pandemia con el auxilio de las ciencias se ve desmerecida por jueces autoerigidos en autoridades sanitarias a costa del orden constitucional que claramente distingue las responsabilidades de cada poder del Estado.

    Además de estas confrontaciones que claramente revelan dónde encontrar en esta circunstancia actual la Patria (y a las y los patriotas), siguen pendientes muchos temas a resolver que serán cruciales para hacerla realidad. Enumeramos sólo algunos.

    • El uso y la distribución de la tierra. ¿Seremos capaces de preservar lo que en la teología y la Doctrina Social de la Iglesia llamamos el «destino universal de los bienes» frente al avance de la explotación extractivista de la megaminería y el monocultivo que envenenan tierra, agua y aire?
    • ¿Someteremos nuestra soberanía a intereses económicos extranjeros que sólo se mueven por el afán de lucro? El caso de la «hidrovía» será un mojón de prueba para saber si podemos fortalecer una economía federal y solidaria entre las provincias y regiones del país o decidimos dejar irse nuestros recursos para beneficio que no es nuestro.
    • ¿Lograremos una política de comunicación e información con medios que comuniquen realmente a la gente entre sí e informen objetivamente en lugar de desinformar y deformar, al servicio de todos y no de intereses minoritarios?
    • ¿Podremos tener una justicia al servicio del bien común y los más débiles y vulnerables y no de los poderosos?

    Cuando la decisión porteña de desarticular el Ejército del Norte llegó a Belgrano, éste ya había derrotado en Tucumán a las tropas realistas, con el auxilio y el sacrificio del pueblo jujeño, salteño y tucumano. Hoy, como entonces, tantos obstáculos no pueden bastar para destruir nuestro sueño y nuestro compromiso con una Patria libre, justa y solidaria.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    25 de mayo de 2021

    www.curasopp.com.ar
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    Estar junto al Pueblo

    Curas opp. (regional Carlos Mugica)

    Cuando el 11 de mayo de 1974 la vida de Carlos Mugica se apagaba, fruto de las balas asesinas de la Triple A, todo fue un torbellino. Amigas y amigos corrieron al hospital Salaberri, otros y otras a la parroquia San Francisco Solano, la mayoría sin entender qué pasaba y, mucho menos, qué iba a ocurrir. Entre esos murmullos circuló con el tiempo que Carlos había dicho: “ahora más que nunca hay que estar junto al Pueblo”. No hay forma de atestiguar con seguridad el dicho, pero los conocidos de Carlos siempre aseguraron que, si él no lo pronunció, el dicho era totalmente coherente con su actitud frente a la vida y frente al Pueblo.

    Como curas en opción por los pobres, en un nuevo aniversario del crimen, repetimos que es tiempo de “estar junto al Pueblo”. Estar junto a las víctimas de la pandemia neoliberal, cuyas consecuencias durarán años o décadas, y junto a las víctimas de la pandemia del Covid. Porque más allá de la salud, que es preocupante, sabemos la repercusión que la situación provoca especialmente en los más pobres. Precisamente aquellos a los que la otra pandemia desprotegió sistemáticamente.

    Estar junto al Pueblo es estar del lado de la vida, amenazada por la salud negada, por el pan escaso, por el trabajo desvalorado y mal pagado, por la justicia negada o ausente, por la verdad escondida. Estar junto al Pueblo es cuidar a las niñas y niños a las que algunos impunes presionan por la presencialidad escolar, y a las y los docentes amenazados en el mismo contexto. Estar junto al Pueblo es celebrar cada vacuna que llega y se distribuye en los barrios. Estar junto al Pueblo es susurrar la verdad ante tanta mentira omnipresente en los medios hegemónicos. Estar junto al Pueblo es celebrar las políticas de cuidado, de unidad latinoamericana, de integración.

    Pero también estar junto al Pueblo es reclamar independencia frente a los poderes externos o internos cómplices; es exigir un poder judicial que haga justicia, y no campaña política en favor de su candidato; es exigir que no haya en nuestra patria presas y presos políticos; es pedir que los medios de comunicación que mienten sean sancionados, al menos retirándoseles la pauta publicitaria; es pedir que el comercio que circula por la conocida como “hidrovía” sea manejado por el Estado, no por el capital extranjero; es demandar que la salud no sea solamente la aportada por las vacunas, sino también contra los agrotóxicos, la minería ilegal o inmoral, el desmonte y la contaminación; es pedir que las comunicaciones sean tenidas como un derecho esencial; estar junto al Pueblo es aprender a mirar “desde el Pueblo” y no desde los escritorios; es ser total e incuestionablemente solidarios con su hambre y su dolor, con sus alegrías y tristezas, con todo aquello que al Pueblo lo mueve y conmueve ante la vida y la muerte. Porque creemos que “Pueblo es el que no oprime y lucha contra la opresión”, como decía el beato mártir Enrique Angelelli.

    Estar junto al Pueblo es un imperativo para nosotros, los curas, pero esperamos que también lo sea para todas y todos aquellos que reivindican las banderas de la justicia social, soberanía política y libertad económica. Para que sea el Pueblo quien nos mire a los ojos y nos diga, como le decían a Carlos: “usted habla por nosotros”. Así, su sangre derramada hace 47 años nos limpiará los ojos para ver, nos señalará el camino para andar y nos fortalecerá los músculos para reconocer al antipueblo y celebrar el encuentro y la mesa con las compañeras y compañeros.

     

       
       
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Mensaje a nuestro pueblo

al concluir el 20° encuentro anual de los curas en la Opción por los Pobres


Como curas en la opción por los pobres, nos hemos reunido en nuestro 20° encuentro anual. Hemos compartido nuestras experiencias, alegrías y dolores. Hemos mirado nuestra vida, y el caminar "andando nomás" junto al pueblo sufrido y sufriente del que somos parte y hermanos. Hemos mirado también los dolores cotidianos de las multitudes de hermanas y hermanos de nuestros pueblos, barrios, y comunidades. Sabemos y vivimos a diario sus lágrimas y sus causas, y conocemos los dolores, tantas veces silenciados por la publicidad oficial, por las prebendas o el clientelismo, el punterismo o la explotación. Sabemos que esas causas muchas veces tienen nombre y apellido, tienen residencia local o extranjera, y tienen bendición de autoridades o instituciones.

+ no aceptamos ni creemos en las razones económicas y fundamentalistas que siguen sumiendo al mundo en la inseguridad cotidiana de la guerra, que siempre es fratricida, y siempre provoca víctimas entre los pobres y los más débiles: en Irak, en Afganistán, en el Líbano y en el desangrado continente africano; creemos que la paz con justicia y el respeto por la dignidad de los pueblos es un camino arduo y genuino de solidaridad universal;

+ no aceptamos ni creemos en la sistemática presión patoteril de los "dueños del mundo" que amenazan países, engendran leyes, provocan acuerdos desiguales, y violan la paz; creemos que si una voz debe escucharse doblemente como clamor que sube al cielo, es la voz de las víctimas, los explotados y nos amenazados;

+ no aceptamos ni creemos en aquellas voces internas que sólo miran su propio interés sin mirar el bien común, y el bienestar de los más pobres: envenenando suelos con cianuro, arsénico o pesticidas, contaminando ríos, apropiándose de tierras usurpadas a los legítimos dueños originarios, o monopolizando el agua y la biodiversidad, que son propiedad de todo el pueblo; creemos que el bien común, y especialmente el bien de los pobres debe ser el motor que mueva la sociedad y garantice un futuro y una tierra para todos;

+ no aceptamos ni creemos en el "imperialismo internacional (y nacional) del dinero", y la prosecución del único criterio idolátrico del lucro a cualquier costo; creemos que la fraternidad es un bien muy superior, y que es auténtica garantía de paz y dignidad;

+ no aceptamos ni creemos en la manipulación de la política para provecho personal, para acaparar más y más poder, o para encarar una oposición sistemática, y no para buscar exclusivamente el bien del pueblo; creemos que la voz de los pobres -que no es la palabra de las encuestas- y la  respuesta a sus clamores, debe ser el punto de partida de toda palabra y acción política;

+ no aceptamos ni queremos la reaparición de sectores defensores del genocidio y la dictadura, aunque lo hagan con una constitución en la mano; creemos que la memoria es base sólida para nuestro presente y para gestar nuestro futuro con plena vigencia del respeto a los derechos humanos;

+ no aceptamos ni creemos en los reclamos de "mano dura" en nombre de la seguridad, que ignoren la inseguridad de la desocupación, del desamparo de la salud, de la impunidad de la droga, de la crueldad del "gatillo fácil"; la violencia de las nuevas desapariciones y los crímenes impunes; y los reclamos que no juzguen con la misma mirada cuando las víctimas son los chicos pobres de nuestros barrios o pueblos; creemos que la paz es fruto de la justicia, y por tanto, la búsqueda empecinada por una verdadera justicia social e igualdad estarán en el origen de la verdadera seguridad y la paz;

+ no aceptamos ni queremos la injusta y creciente distribución de la riqueza, en la que -aunque nominalmente disminuya la desocupación- el salario no alcanza para cubrir las mínimas necesidades básicas, y donde "hay ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres"; creemos que donde hay una necesidad hay un derecho, y la justa distribución de la riqueza es el paso primero para que nazca la verdadera justicia social;

+ no aceptamos ni creemos en la idolatría de la propiedad privada, y reafirmamos que esta no es un derecho absoluto ya que creemos que "sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social";

+ no aceptamos ni queremos la sistemática cooptación de las más legítimas luchas y reclamos, en los barrios, organismos y sindicatos, pretendiendo que no es genuino cualquier reclamo que no sea gestado por el ejercicio casi monopólico del poder; y creemos que el disenso, la tolerancia y el verdadero diálogo son las bases fundamentales para crecer como país en respeto y fraternidad.

Sabemos que la lucha por la vida es difícil porque son muchos los ministros de la muerte, pero sabemos que las huellas de los mártires de ayer y de hoy nos señalan un camino seguro de fidelidad y testimonio. La imprescindible memoria de tantas y tantos que dieron su vida por Jesús y por el pueblo son auténticos mojones en el camino. No olvidamos a laicos, catequistas, religiosos, pastores, curas y obispos que dieron su vida, que fueron matados para que desapareciera su testimonio. A los 30 años de sus martirios, no podemos ni queremos olvidar la "memoria subversiva" de Enrique Angelelli, de Ponce de León, de Carlos  y Gabriel, de Léonie y Alice, de Wenceslao Pedernera y Mónica Mignone, de Mauricio López y Elizabeth Käsemann, entre otros; ellos son testigos que hoy nos guían, una huella que desde hace 30 años nos señalan caminos. Pretendemos ver en ellos una voz de Dios que guía a su Iglesia, y a nosotros curas, por un camino que queremos reconfirmar de estar entre los pobres y ser "Iglesia de los pobres". Al reunirnos en nuestro 20° encuentro nacional de curas, queremos repetir con tantos y tantas que "otro mundo donde quepan muchos mundos es posible", "otra Iglesia es posible" y otra vida para todos, es posible. Y necesaria.

Florencio Varela, 24 de agosto de 2006

 

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