America, Argentina
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    CARLOS MUGICA, ¡PRESENTE!

    “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto” (Juan12,24)

    Un nuevo 11 de Mayo, a 46 años del martirio de Padre Carlos Mugica, nos vuelve a convocar con el compromiso de la Memoria. Y hacer memoria no significa una mera evocación de lo que pasó. Memoria es actualizar, en este presente histórico, las convicciones que llevaron a Carlos a dar la vida por los pobres hasta ser asesinado a la salida de la Parroquia San Francisco Solano.

    La pandemia del coronavirus no nos permitirá celebrar la misa que habitualmente realizamos en esta parroquia de Mataderos. Allí no sólo no nos encontraremos ni abrazaremos los curas del grupo al que pertenecemos; y otros muchos curas que trabajan en medios populares alentados por la entrega de Mugica. Allí tampoco nos podremos abrazar este año con tantos y tantas que esperan ese día para decir con Carlos que “no tenemos miedo” y que, como él nos pidió, seguiremos estando en medio del caminar de nuestro pueblo más pobre.

    Tampoco podremos abrazar a Norita Cortiñas y, en ella, a todas nuestras Madres. El 11 de mayo de 1974, su hijo Carlos Gustavo Cortiñas cumplía 22 años. Lo secuestraron el 15 de abril de 1977 en la estación de Castelar mientras esperaba el tren para ir al trabajo. Hoy celebraría 68 años. Norita, su hijo y las Madres estarán presentes en nuestra cordial oración. Como también, y sin lugar a dudas, estará Marta Mugica, hermana de Carlos, fallecida el pasado 1° de abril. Para nosotros también hermana y compañera de camino.

    Pero, aunque extrañemos el calor de los abrazos, volveremos a elegir aquellos valores que guiaron a Carlos en su amor fiel hasta su muerte en esa vereda de Buenos Aires: su amor por Jesús y por los pobres; y su voz profética señalando a los crucificadores de sus hermanos y hermanas más vulnerables.

    Carlos soñaba para sus pobres una Patria donde reinaran “el amor y la igualdad”. Ciertamente una Patria distante de aquellos que hoy viven más pendientes de la cotización del dólar que de aceptar que se grave algo de sus impúdicas riquezas en beneficio de los excluidos de los bienes de la tierra. Distante también de quienes miran hacia otro lado cuando a los pobres se les niegan los servicios esenciales en sus barrios, mientras golpean sus cacerolas alentados por noticias falsas e intereses inconfesables por contrarios a la vida del pueblo. Distante, también, de todo fundamentalismo religioso que señala a Dios como el mentor de la pandemia o pidiendo que les “devuelvan la misa”, sin importarles nada de los que siguen haciendo negocio con el dolor de los que sufren. 

    No haremos la misa que nos congregue en la fecha del martirio de Carlos Mugica. Pero renovamos nuestro compromiso de seguir sus huellas: las de Jesús, las de tantas y tantos mártires argentinos y latinoamericanos.

     

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

    11 de Mayo de 2020

    (389)

    IMPUESTO A LAS GRANDES FORTUNAS

    Declaración del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

    “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Lc 12,34)



    El ritmo de los acontecimientos nos urge a unirnos a todo gesto que colabore con un mundo más justo. Un mundo donde nadie pueda sentir que sobra, que está de más. Un mundo donde nos preocupemos por el tesoro de la vida fraterna y sororal.

    Lejos de este sueño, la pandemia que nos aqueja a nivel mundial ha dejado impúdicamente expuesta la desigualdad entre los seres humanos. Y nuestro país no escapa de este escándalo.

    Hemos elogiado la prontitud en la respuesta del Estado a la emergencia sanitaria y alimentaria. Vemos con agrado la pronta reacción a las dificultades que va generando el aislamiento. Vemos, con dolor también, las consecuencias económicas que suponen estas medidas extremas; y que afectan a los sectores más postergados.

    A las puertas de un nuevo debate parlamentario que busca hacer ley un “impuesto de emergencia a las grandes fortunas” creemos oportuno expresarnos.

    En una entrevista del diario La República, de Italia, el Papa Francisco expresó: “Nuestro comportamiento siempre afecta la vida de los demás”. Y prosiguió: “… es evidente que los que no pagan impuestos no sólo cometen un delito sino un crimen”.

    No sólo creemos que este impuesto es necesario, sino también que no debiera ser sólo para esta contingencia de la emergencia sanitaria por el covid-19, sino un impuesto permanente en favor de los más pobres y de una mayor equidad en el cuerpo social (como ya existe en muchos países que suelen usar de ejemplo económico muchos de los que aquí se oponen a ello).

    Sabemos que hay muchos intereses para presentar esta iniciativa con adjetivos confiscatorios o buscando generar temor en la población. Hay medios de comunicación trabajando en este sentido. No será fácil esta lucha. Pero siempre será una lucha por una Patria más justa y más fraterna.

    Desde nuestro humilde aporte queremos convocar a todos y a todas los que quieran sumarse a respaldar esta iniciativa. Creemos que es el momento de vislumbrar un país más justo. El virus “invisible” ha dejado expuesto aún más el virus de la injusticia, nuestra injusta vida social, la ha puesto ante nuestros ojos, la ha hecho más “visible”. Es una ocasión de dar un paso hacia una mayor igualdad.

    Que nuestros mártires Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, en el aniversario de su beatificación, nos marquen el camino a una Patria solidaria.


    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    27 de abril de 2020

    www.curasopp.com.ar
    https://www.facebook.com/GrupodeCuraseOPP
    Twitter @GrupoCurasOPP





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Categoría padre: ROOT Categoría: Cartas y Firmas

En estos tiempos de Navidad, celebramos al Dios con nosotros, a la Palabra hecha carne. El Dios encarnado nos invita a vivir nuestra fe en la historia, con los pies en el barro de la vida y el destino de nuestros pueblos que caminan en busca de dignidad, libertad y justicia.

 La proximidad de los 40 años del comienzo de la Dictadura que enlutó nuestra Patria, y un aparente cambio en la actitud de la jerarquía eclesiástica frente a las víctimas del Genocidio nos invitan a reflexionar, como miembros de la Iglesia, sobre las relaciones del episcopado con la Dictadura y sus consecuencias que perduran hasta hoy.

Hubo miembros del episcopado que tuvieron un rol activo en la dictadura aportando ideología y bendición a los genocidas. Hubo obispos temerosos, los hubo desconocidos para la mayoría, y los hubo también comprometidos en la defensa de los Derechos Humanos, y hasta mártires, entre quienes mencionamos a Enrique Angelelli como caso emblemático. Sin embargo, la cúpula del Episcopado mostró impúdicamente una escandalosa cercanía a las juntas militares y un silenciamiento o búsqueda de disciplinar a la “Iglesia de los pobres”. Esta cercanía, además, se manifestó y se sigue manifestando en sus relaciones con el modelo económico liberal, que comenzó con la dictadura militar, y continuó con el neoliberalismo (1989-2003). Consideramos que aquel modelo económico de exclusión y libre mercado fue parte del genocidio.

El aparente cambio que se manifiesta en el Episcopado “exhortando” a los que se sientan “moralmente obligados” a “recurrir a las autoridades pertinentes” y tengan datos sobre desaparecidos, o sobre los niños apropiados no parece coherente con la presencia de agentes del establishment o del pensamiento económico liberal tanto en comisiones episcopales como en Universidades como la UCA, supuestamente “católica”, ni con la distante relación con los organismos de Derechos Humanos o la falta de aportes a la memoria colectiva.

El cambio de actitud del Episcopado, que celebramos, en continuidad con otros gestos del Obispo de Roma, nos parece que debe ir acompañado de otras actitudes de clara defensa de los Derechos Humanos, de reconocimiento explícito de los pecados y omisiones pasadas, de la exigencia a capellanes militares o de fuerzas de seguridad de brindar toda la información disponible, y un intento claro de reparar la actitud cómplice de la Iglesia ante la dictadura cívico-militar-eclesiástica-empresarial.

Queremos ser una Iglesia pobre y de los pobres. Es lo que manifiesta el gesto sencillo de Dios al elegir su nacimiento en medio de un pueblo sencillo, en un modo sencillo y anunciado a los despreciados de su tiempo. Los signos de la presencia del reinado de Dios entre nosotros nos invitan a “anunciar buenas noticias a los pobres” y desde ellos mostrar a la sociedad toda que “otro mundo es posible. Otro mundo en el que se pueda “vivir bien” (sumaj kawsay / suma qamaña), como proponen nuestros hermanos de los pueblos andinos.

Otro mundo donde a la vieja pregunta de nuestros hermanos mayores, los Curas del Tercer Mundo, “Feliz Navidad, ¿para quién?” respondamos mirando cara a cara a los pobres, a los despreciados, a las víctimas para brindar con ellos por un mañana mejor. Y caminar juntos.

 

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

Navidad 2014

 

 

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