America, Argentina
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    Ante las próximas elecciones PASO

    Buscando interpretar los signos de este tiempo

    En el mes de septiembre seremos convocados nuevamente a las urnas. Es un momento propicio en el proceso democrático para la reflexión, el análisis, el discernimiento necesario para interpretar los signos de este tiempo. Y este ejercicio no lo hacemos desde un lugar neutral o aséptico. Son los caminos del pueblo los que queremos andar. Atentos a los y las más pobres y sufrientes. Desde allí queremos mirar para hacer este ejercicio que nos propone el evangelio (cf. Mt 16,3).

    Serán elecciones de medio término y, como tales, constituirán un momento donde puede ser refrendado el camino iniciado en diciembre de 2019 o podremos asistir, quizás, a un llamado de atención para el frente gobernante. Pero ciertamente no podemos perder la discusión de fondo: asegurar un proyecto de país con inclusión, trabajo y futuro para todos y todas (empezando por los más pobres) o ceder al proyecto de un país para pocos, donde los grupos dominantes y dueños del capital sigan acumulando y concentrando riqueza. En realidad, no hay dos proyectos de país. Hay un proyecto de país y otro de colonia.

    Por supuesto que como grupo de curas dispuestos a caminar con los sectores populares hemos celebrado el fin de la pandemia neoliberal 2015-2019: endeudamiento externo histórico; economía de ajuste y empobrecimiento acelerado con una cada vez más profunda e injusta desigualdad en la distribución del ingreso; enriquecimiento de los mismos actores del poder económico concentrado; ciertos medios de comunicación y sectores del poder judicial al servicio del “lawfare” (“guerra judicial”) y de las “fake news” (“noticias falsas”) para intentar destruir  al adversario político; etc., etc. Fueron cuatro años de profundo padecimiento para el país.

    La victoria popular del 2019 hizo que renaciera la esperanza. No sólo en Argentina, sino en la región, nuestros pueblos comenzaron a reaccionar: Chile nos conmovió, especialmente con las luchas de los y las jóvenes y del pueblo mapuche, con la conquista de una reforma constitucional; Perú logró que un sencillo maestro ocupe hoy la conducción del país hermano; en Brasil, Lula vuelve a ser una esperanza cierta después de tanta infamia vivida; Bolivia recuperó su rumbo popular después de aquel golpe vergonzoso y mesiánico contra Evo Morales, por dar algunos ejemplos.

    Estábamos en pleno aprendizaje observando cómo los poderes más concentrados llegan por la vía democrática al poder, incluso captando a los sectores más pobres, cuando sobrevino la pandemia del Covid. Pandemia más pandemia. Devastadora experiencia que ya hemos reflexionado en otra carta. 

    Siempre hemos valorado los esfuerzos del oficialismo gobernante ante la emergencia, tanto a nivel sanitario como a nivel de asistencia económica. Pero, ¿cómo avanzar en algunos temas acuciantes para la realidad de nuestro pueblo? 

    A veces pareciera faltar la fuerza necesaria para la implementación de algunos cambios de fondo. Por citar uno más urgente: el control inflacionario para que no se licúen los esfuerzos de mejoras económicas de los sectores más pobres y los esfuerzos que se hacen para mantener el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.

    Ante los comicios de septiembre, vemos una oposición sin ninguna propuesta concreta y sin memoria. Hablan como si en los cuatro años del macrismo no hubieran estado en el país y sólo apuestan a construir relatos novelescos que deterioren la figura presidencial, buscando que hechos mínimos se amplifiquen de manera sorprendente, y generando malestar instalando un clima de malhumor en la opinión pública con la complicidad de los medios de comunicación hegemónicos. 

    Creemos que no podemos perder de vista la gravedad de la hora. En estas PASO se necesita una consolidación del camino comenzado en 2019, asegurando el acompañamiento legislativo con una mayoría significativa para el Frente gobernante.

    Como Grupo de Curas en Opción por los Pobres estaremos apoyando aquellas políticas que favorezcan a los sectores populares y a un proyecto de país inclusivo con justicia social. Celebramos los avances en las políticas de salud: el impresionante y efectivo operativo de vacunación y la recomposición del sistema público; las inversiones en obra pública; los esfuerzos por crecer en trabajo genuino (más allá de la política de subsidios propios de toda emergencia), entre otras cosas. 

    También vemos un repunte económico que se comienza a observar en la macroeconomía, pero sabemos que no siempre crecimiento es distribución de la riqueza. También aquí esperamos justicia. Como esperamos la reforma del poder judicial, o el control estratégico del Estado sobre los recursos de nuestra tierra, o la democratización de los medios de comunicación, o la atención a “los clamores de la tierra” antes de que sea demasiado tarde. La preocupación por la recuperación económica no debe acelerarse sobre la base de prácticas extractivistas que ponen en peligro el medio ambiente y la salud de nuestro pueblo (como ciertas formas de la minería y de la explotación agrícola), ni tampoco hipotecar la soberanía de nuestra Patria. Vale aquí destacar la valentía y el aporte de los campesinos santiagueños con su lucha contra la utilización de agrotóxicos y la usurpación de sus tierras por parte de grandes empresarios agrícolas que han sido protegidos e incluso puestos como ejemplo por algunos poderes políticos.

    La campaña electoral no debería ser para discutir sobre fotos o lanzar frases marquetineras de autoayuda ―a menudo superficiales― que ocultan las reales intenciones de los que las utilizan. Hay que discutir el modelo económico de desarrollo y crecimiento, desde un proyecto de país más justo para el futuro y el bienestar de nuestro pueblo.


    Grupo de Curas en Opción por los Pobres
    Agosto 2021

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    UN POCO DE AMOR POR LA PATRIA

     

    «Me hierve la sangre al observar tanto obstáculo,
    tantas dificultades que se vencerían rápidamente
    si hubiera un poco de interés en la patria»

    Manuel Belgrano, Carta a Rivadavia del 6 de mayo de 1812

    Belgrano ―uno de los tantos y tantas que soñaban con una Patria libre y soberana y que se animaron a soñar, pensar y construir las bases de un país que ya no fuera colonia de nadie― se rebelaba contra la avaricia del Triunvirato que retaceaba insumos para el Ejército del Norte. Hoy, como entonces, cuando celebramos un nuevo aniversario de la decisión de vivir en libertad, soñamos, pensamos y construimos la Patria enfrentando dificultades y obstáculos que serían fáciles de vencer si todos pusiéramos el interés común por encima de intereses mezquinos que surgen, también hoy, de la avaricia, el cálculo político y el afán por destruir lo que se interpone en su camino.

    A pesar de la urgencia a la que nos somete la pandemia, es preciso aprovechar esta fecha para de-tenernos a pensar qué significa para nosotros la Patria. ¿Es sólo un suelo, el contenido de un mapa, que se nos presenta como oportunidad de enriquecernos? ¿Es, tal vez, una magnitud matemática de habitantes a la cual controlar y dominar para ser dueños del poder? ¿Es, quizás, el campo de batalla de conflictos de intereses a costa del interés y el bien común?

    En la tradición bíblica, la Patria es promesa y sueño de vivir como un pueblo libre y de hermanos y hermanas. La Tierra Prometida moviliza a Israel a liberarse de la esclavitud para encontrar un territorio donde realizar su libertad, donde vivir como comunidad que construye unido y solidario su vocación de pueblo. Promesa y sueño similares a los que movilizaron a Belgrano y a tantos otros patriotas a poner en juego la propia vida para hacerlos realidad, y que sigue movilizando a tantas y tantos a hacer del bien común el objetivo de sus luchas cotidianas.

    Son muchos los obstáculos y los intereses que hoy buscan impedir la realización de esa promesa. La preocupación por superar esta pandemia sirviendo a la vida se ve confrontada con mensajes permanentes que horadan todo intento por cuidarla.

    • Las medidas sanitarias de prevención deben enfrentarse con comunicadores que sirven a intereses inconfesables, pero de todos y todas conocidos, se esfuerzan por imponer el falso conflicto entre libertades individuales y medidas sanitarias.
    • Un gobierno que ha buscado el diálogo y la acción común debe hacer frente a dirigentes políticos de la oposición que, en lugar de ponerse a la altura de la situación y actuar con generosidad y espíritu de colaboración, por un puñado de votos llaman constantemente a la rebelión e incluso incitan al delito.
    • El esfuerzo por paliar la crisis económica, condicionada por la deuda heredada y las consecuencias mismas de la pandemia que la inscriben en una crisis global, es atacado por los poderes económicos que aprovechan la situación nacional y la coyuntura internacional para obtener pingües ganancias, aun a sabiendas de que así condenan a la pobreza y al hambre a millones de sus compatriotas.
    • La decisión de gobernar la situación inédita de la pandemia con el auxilio de las ciencias se ve desmerecida por jueces autoerigidos en autoridades sanitarias a costa del orden constitucional que claramente distingue las responsabilidades de cada poder del Estado.

    Además de estas confrontaciones que claramente revelan dónde encontrar en esta circunstancia actual la Patria (y a las y los patriotas), siguen pendientes muchos temas a resolver que serán cruciales para hacerla realidad. Enumeramos sólo algunos.

    • El uso y la distribución de la tierra. ¿Seremos capaces de preservar lo que en la teología y la Doctrina Social de la Iglesia llamamos el «destino universal de los bienes» frente al avance de la explotación extractivista de la megaminería y el monocultivo que envenenan tierra, agua y aire?
    • ¿Someteremos nuestra soberanía a intereses económicos extranjeros que sólo se mueven por el afán de lucro? El caso de la «hidrovía» será un mojón de prueba para saber si podemos fortalecer una economía federal y solidaria entre las provincias y regiones del país o decidimos dejar irse nuestros recursos para beneficio que no es nuestro.
    • ¿Lograremos una política de comunicación e información con medios que comuniquen realmente a la gente entre sí e informen objetivamente en lugar de desinformar y deformar, al servicio de todos y no de intereses minoritarios?
    • ¿Podremos tener una justicia al servicio del bien común y los más débiles y vulnerables y no de los poderosos?

    Cuando la decisión porteña de desarticular el Ejército del Norte llegó a Belgrano, éste ya había derrotado en Tucumán a las tropas realistas, con el auxilio y el sacrificio del pueblo jujeño, salteño y tucumano. Hoy, como entonces, tantos obstáculos no pueden bastar para destruir nuestro sueño y nuestro compromiso con una Patria libre, justa y solidaria.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    25 de mayo de 2021

    www.curasopp.com.ar
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Categoría padre: ROOT Categoría: Cartas y Firmas

I.- ¡Feliz Navidad! ¿Para quién? se preguntaban hace ya varias décadas los queridos Sacerdotes para el Tercer Mundo denunciando una sociedad de “confort” para pocos, y miseria para muchos. Hoy, que la brecha entre ricos y pobres es mucho mayor aún, y que más de la mitad de nuestros hermanos ha sido expulsada de la posibilidad de una vida digna, la pregunta se vuelve más acuciante. La Navidad que se acerca nos plantea el desafío: ¿dónde vamos a estar? ¿dónde queremos estar? El niño nacido en un pesebre no deja lugar a ninguna duda acerca de dónde estará Dios en esta Navidad, de qué lado. Nosotros queremos estar mirando el pesebre desde “la verdadera historia”, esa que no “escriben los que ganan”, sino la que escribe Dios en la vida de los y las pobres, y que ni los Herodes, ni las autoridades religiosas de Jerusalén pudieron entender. Queremos mirar desde los signos que Dios da en el tiempo, y ponernos en camino hacia el niño. Queremos mirar, en suma, desde “los crucificados de la historia” que son hoy la estrella que nos conduce al pesebre. Sabemos que cada niño y niña que nace en nuestros pueblos de América Latina nace con una deuda intolerable sobre sus espaldas que ni él ni sus padres contrajeron, que nace bajo un imperio que se alimenta de sangre, de guerras y de miseria. Sabemos que -como ayer- el nacimiento del niño no aparecería en la TV, los diarios o las radios. Pero también sabemos que Dios quiere otra cosa, aunque haya quienes “prefieren las tinieblas a la luz”; que aunque se “vistan de ángeles de luz” son realmente incapaces de reconocer los signos que Dios da en los pañales que cubren al niño.

II.- La Sagrada Familia de Nazaret no vivió ajena a los problemas de su tiempo. Así -según nos cuenta el Evangelio- debió padecer la persecución y el exilio. La muerte persigue al niño Jesús desde su infancia, y los poderosos, aunque parezcan indiferentes, no toleran la sencillez del pesebre. Como entonces, los migrantes, los exilados, los menores perseguidos con la excusa de la seguridad y la realidad de la pobreza, las niñas robadas para prostitución, los hogares condenados a sobrevivir con planes de mendrugo, los ancianos ignorados por parecer improductivos, los millones de ignorados por los planes y los gobiernos, los pueblos enteros condenados por una deuda odiosa (*), e inmoral, encuentran en el pesebre un reflejo de su propia historia, y el desafiante signo que les indica que Dios quiere otra cosa, por la que vale la pena “gastar la vida”.

III.- Miembros de la Iglesia jerárquica en nuestro país, en estos días, predican que todos los argentinos somos responsables de nuestra situación, que se vuelve indispensable una reconciliación que parece ignorar pecados y pecadores, e incluso insistiendo en la necesidad de la solidaridad para ayudar al sostenimiento de la Iglesia. Mientras la sociedad vive la más escandalosa injusticia, y las víctimas quedan heridas al costado del camino, la palabra “justicia” parece silenciada en los discursos oficiales. Mientras la impunidad se pasea pornográficamente en los medios de comunicación, no se escuchan voces que sinceren sus complicidades. Voces en las que empresarios, funcionarios, miembros de la jerarquía eclesiástica, sindical o social reconozcan al menos sus silencios cómplices en la implantación de un modelo económico de escándalo, injusticia y muerte. Mal asesorados por dirigentes de empresas auto-denominados cristianos, muchos obispos han callado sus voces omitiendo denunciar una deuda inmoral y odiosa, contraída por dictaduras de muerte y tiranía, sin siquiera hacerse eco de la voz del Santo Padre; y no han sabido ser “voz de los que no tienen voz”. Los palacios no pueden entender el misterio de Belén.

IV.- Para que nuestra búsqueda de justicia quede de manifiesto, queremos decir una palabra más sobre el tema de la ilegitimidad de la deuda externa, que condena a nuestro pueblo al hambre y la miseria, y que de un modo contrario a la Constitución Nacional, el Poder Ejecutivo, como también lo hicieron los anteriores, está negociando, sin que todos sepamos a qué nos están comprometiendo por décadas. Todavía recordamos cuando en 1996, en plena dictadura de mercado menemista, el entonces presidente recomendó en público leer el "Manual del perfecto idiota latinoamericano" a un grupo de curas por sostener lo que aquí seguimos diciendo. Por eso pretendemos que no sean sólo palabras, sino realidad, lo dicho por el actual Presidente de la República: "No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social". Y por eso exigimos que se realice un profundo debate social sobre el tema, a fin que queden claras ante toda la sociedad los orígenes, responsables, cómplices y consecuencias de esta deuda. La carga de una deuda ilegítima es otro de los crímenes de la dictadura que no ha sido suficientemente esclarecido, y esperamos un "Nunca Más". Pedimos fraternalmente a los Obispos argentinos, a todos los pastores y comunidades de distintas confesiones, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a pronunciarse públicamente sobre el tema ya que esta iniciativa está más allá de cualquier partido o ideología: sin justicia no tendremos paz. Los invitamos a decir a la opinión pública si aceptamos o cuestionamos la legitimidad de la deuda que nos condena. E invitamos, también, a todos a que nos ayuden a ver qué gestos pueden acompañar estas palabras.

V.- Esta Navidad queremos celebrarla en torno al pesebre, en torno al Niño Dios y Hombre que asume nuestra humanidad y nuestra realidad para liberarla desde adentro; que “se hace pobre para enriquecernos con su pobreza”, como no pueden entenderlo quienes se enriquecen con la pobreza de sus hermanos y hermanas. Esta Navidad queremos renovar el compromiso, como cristianos, de unir nuestras voces y echar nuestra suerte “con los pobres de la tierra”, para que Jesús nos encuentre junto a sus predilectos, y con ellos y ellas caminemos haciendo juntos una historia de vida, de liberación y de esperanza.

 

Nota aclaratoria:

(*) El derecho internacional llama "deuda odiosa" a aquella que es contraída por una dictadura sin el consentimiento del pueblo. Es decir: no se debe pagar una deuda contraída al margen de la ley y sin consentimiento del que se ve obligado a pagarla, o sea el pueblo argentino. Existe actualmente un Proyecto de Ley que impulsa la investigación sobre la legitimidad de la deuda que la mayoría de los diputados se niega a tratar y que los sucesivos presidentes han ignorado. Sólo la presión popular pacífica puede exigir su tratamiento. Es de notar que cuando el General San Martín asumió el Gobierno en el Perú afirmó que aquel país no iba a reconocer las deudas del gobierno español que hubiesen sido contraídas para mantener la esclavitud en ese país y hostilizar a los demás pueblos independientes de América.

 

 

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