America, Argentina
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    Carta abierta a María Eugenia Vidal

    Sra Gobernadora:

    Sabemos que está teniendo semanas complicadas. “Hacer la plancha” ya no le sirve y cada vez más cosas de su inacción de gobierno salen a la luz. Sabemos que la fenomenal campaña mediática oficial, muy bien aceitada, hace lo posible para desviar el ángulo de la mirada. Pero hay cosas que ya no pueden ocultarse.

    Es coherente con su mirada política el vaciamiento de todo lo público, desde la salud a la educación, el intento de cierres de centros de salud y universidades a las que sí asisten los pobres.
    Es coherente la estigmatización de los sindicatos que pretenden una educación de calidad y salarios dignos, a los que usted misma, en un arranque de populismo, tasó en $ 40.000.
    Es coherente la desinversión y el desentenderse sistemático de las escuelas, y también el esconder por el ya emblemático “par de meses” a los funcionarios que cometen algún dislate o de los que trasciende la corrupción o la desidia.

    Pero, ¿sabe qué? Dos muertes ya es mucho. Es demasiado. Sin duda que no ocurre todos los días, pero no fue la pérdida de gas de una vecina como ironizó irrespetuoso el presidente. Fue la falta de atención a denuncias que, ya se reiteraban, por un abandono sistemático del mantenimiento en nombre del ajuste. Y eso, ¡usted!, se llevó la vida de Sandra y Rubén. El país está de duelo, aunque las cortinas de humo oficiales, la puesta en escena circense de ayer en el Club Bernal y su silencio, no se den por enterados.

    Los docentes, a los que usted y el gobierno todo no se cansan de señalar como una suerte de perversos ponedores de palos en la rueda, están de duelo. Los docentes, cuyo salario es pisoteado y sus reclamos ninguneados, están de duelo. Y, ¿sabe qué? La rueda de la vida de dos compañeros dejó de girar.

    Si tuviera dignidad y respeto sabe lo que debería hacer. Lo que debería haber hecho el mismo jueves. Pero no lo esperamos, ni de usted ni de ninguno de los suyos. Pero sepa que dos muertos más están en la cuenta del “debe” que su gobierno tiene con la historia.

     

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    4 de agosto, Memoria del Beato Mártir Enrique Angelelli

    (119)

    El descrédito del gobierno de Cambiemos y la utilización de lo religioso.


    En noviembre de 1969 el dictador Juan Carlos Onganía consagró la republica Argentina a la Virgen de Luján. El gobierno atravesaba un profundo descrédito social y político que terminó con su presidencia pocos meses después. Con motivo de este acto, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo repudió esa iniciativa en un documento elaborado entonces por Lucio Gera.

    Viene a nuestra memoria este hecho cuando vemos que el actual gobierno intenta acercarse a la institución eclesiástica, seguramente porque un nuevo descrédito social y político lo abruma. A los Te Deum habituales, en los que participan circunspectos los funcionarios del gobierno, debemos añadir otros en estos días. Las fotos habituales de gobernadores con obispos, sea en la Semana de Pastoral Social en Mar del Plata o en la recepción de la gobernadora Vidal al nuevo Arzobispo de La Plata (dos encuentros en un par de días); la consagración de su persona y la ciudad por parte del Alcalde de la Ciudad de Buenos Aires al Sagrado Corazón de Jesús; los intentos de diálogo de algunos intendentes con los obispos en los que aparentemente se buscaría una suerte de canal de diálogo (o “Mesa de Enlace”, en otros casos).

    El gobierno nacional, los gobiernos provinciales o municipales, tienen todos los medios a su alcance (excesivos y oligopólicos, lo hemos señalado) para difundir y hacer públicos sus actos de gobierno. La búsqueda de estos canales de diálogo -que nos recuerda instancias semejantes entre la dictadura cívico-militar y el episcopado argentino- se parece a un intento político de salir en la foto abrazados con la Iglesia, de contar con su bendición, de parecer amigables. Hasta incluso la voluntad de “dejar pegada” a la comunidad eclesial con las perversiones y mentiras sistemáticas que a diario nos ofrece el gobierno de Cambiemos. Rechazamos todos esos intentos de utilización de la imagen de la Iglesia para legitimar un gobierno que ha perdido buena parte de su legitimidad a causa de sus propios actos.

    Creemos que podemos dar gracias a Dios (Te Deum) cuando los pobres tienen trabajo y tienen pan; se consagrará un país o una ciudad cuando el corazón de Jesús esté lleno de alegría por la vida plena de sus preferidos; esperamos que el verdadero enlace se produzca cuando las mesas estén llenas de niños sonrientes y vida compartida. Es contradictorio que un gobierno insensible, que ha demostrado no tener corazón, se interese por el corazón de Jesús. Con desnutrición infantil, sin cobertura sanitaria, sin educación pública garantizada en las escuelas y universidades, sin justicia en el salario de los trabajadores y jubilados, no habrá unidad con Dios, porque “el que no ama, no conoce a Dios” (1 Jn 4, 8).

    Mientras tanto, queremos manifestar nuestro rechazo a estas actitudes siempre marquetineras del gobierno al cual, una vez más, queremos invitar y hasta exigir que se convierta a los pobres para encontrar en ellos el verdadero rostro del Dios de la Vida.


    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    13 de julio de 2018

    (63)

     

Categoría padre: ROOT Categoría: Cartas y Firmas

I.- ¡Feliz Navidad! ¿Para quién? se preguntaban hace ya varias décadas los queridos Sacerdotes para el Tercer Mundo denunciando una sociedad de “confort” para pocos, y miseria para muchos. Hoy, que la brecha entre ricos y pobres es mucho mayor aún, y que más de la mitad de nuestros hermanos ha sido expulsada de la posibilidad de una vida digna, la pregunta se vuelve más acuciante. La Navidad que se acerca nos plantea el desafío: ¿dónde vamos a estar? ¿dónde queremos estar? El niño nacido en un pesebre no deja lugar a ninguna duda acerca de dónde estará Dios en esta Navidad, de qué lado. Nosotros queremos estar mirando el pesebre desde “la verdadera historia”, esa que no “escriben los que ganan”, sino la que escribe Dios en la vida de los y las pobres, y que ni los Herodes, ni las autoridades religiosas de Jerusalén pudieron entender. Queremos mirar desde los signos que Dios da en el tiempo, y ponernos en camino hacia el niño. Queremos mirar, en suma, desde “los crucificados de la historia” que son hoy la estrella que nos conduce al pesebre. Sabemos que cada niño y niña que nace en nuestros pueblos de América Latina nace con una deuda intolerable sobre sus espaldas que ni él ni sus padres contrajeron, que nace bajo un imperio que se alimenta de sangre, de guerras y de miseria. Sabemos que -como ayer- el nacimiento del niño no aparecería en la TV, los diarios o las radios. Pero también sabemos que Dios quiere otra cosa, aunque haya quienes “prefieren las tinieblas a la luz”; que aunque se “vistan de ángeles de luz” son realmente incapaces de reconocer los signos que Dios da en los pañales que cubren al niño.

II.- La Sagrada Familia de Nazaret no vivió ajena a los problemas de su tiempo. Así -según nos cuenta el Evangelio- debió padecer la persecución y el exilio. La muerte persigue al niño Jesús desde su infancia, y los poderosos, aunque parezcan indiferentes, no toleran la sencillez del pesebre. Como entonces, los migrantes, los exilados, los menores perseguidos con la excusa de la seguridad y la realidad de la pobreza, las niñas robadas para prostitución, los hogares condenados a sobrevivir con planes de mendrugo, los ancianos ignorados por parecer improductivos, los millones de ignorados por los planes y los gobiernos, los pueblos enteros condenados por una deuda odiosa (*), e inmoral, encuentran en el pesebre un reflejo de su propia historia, y el desafiante signo que les indica que Dios quiere otra cosa, por la que vale la pena “gastar la vida”.

III.- Miembros de la Iglesia jerárquica en nuestro país, en estos días, predican que todos los argentinos somos responsables de nuestra situación, que se vuelve indispensable una reconciliación que parece ignorar pecados y pecadores, e incluso insistiendo en la necesidad de la solidaridad para ayudar al sostenimiento de la Iglesia. Mientras la sociedad vive la más escandalosa injusticia, y las víctimas quedan heridas al costado del camino, la palabra “justicia” parece silenciada en los discursos oficiales. Mientras la impunidad se pasea pornográficamente en los medios de comunicación, no se escuchan voces que sinceren sus complicidades. Voces en las que empresarios, funcionarios, miembros de la jerarquía eclesiástica, sindical o social reconozcan al menos sus silencios cómplices en la implantación de un modelo económico de escándalo, injusticia y muerte. Mal asesorados por dirigentes de empresas auto-denominados cristianos, muchos obispos han callado sus voces omitiendo denunciar una deuda inmoral y odiosa, contraída por dictaduras de muerte y tiranía, sin siquiera hacerse eco de la voz del Santo Padre; y no han sabido ser “voz de los que no tienen voz”. Los palacios no pueden entender el misterio de Belén.

IV.- Para que nuestra búsqueda de justicia quede de manifiesto, queremos decir una palabra más sobre el tema de la ilegitimidad de la deuda externa, que condena a nuestro pueblo al hambre y la miseria, y que de un modo contrario a la Constitución Nacional, el Poder Ejecutivo, como también lo hicieron los anteriores, está negociando, sin que todos sepamos a qué nos están comprometiendo por décadas. Todavía recordamos cuando en 1996, en plena dictadura de mercado menemista, el entonces presidente recomendó en público leer el "Manual del perfecto idiota latinoamericano" a un grupo de curas por sostener lo que aquí seguimos diciendo. Por eso pretendemos que no sean sólo palabras, sino realidad, lo dicho por el actual Presidente de la República: "No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social". Y por eso exigimos que se realice un profundo debate social sobre el tema, a fin que queden claras ante toda la sociedad los orígenes, responsables, cómplices y consecuencias de esta deuda. La carga de una deuda ilegítima es otro de los crímenes de la dictadura que no ha sido suficientemente esclarecido, y esperamos un "Nunca Más". Pedimos fraternalmente a los Obispos argentinos, a todos los pastores y comunidades de distintas confesiones, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a pronunciarse públicamente sobre el tema ya que esta iniciativa está más allá de cualquier partido o ideología: sin justicia no tendremos paz. Los invitamos a decir a la opinión pública si aceptamos o cuestionamos la legitimidad de la deuda que nos condena. E invitamos, también, a todos a que nos ayuden a ver qué gestos pueden acompañar estas palabras.

V.- Esta Navidad queremos celebrarla en torno al pesebre, en torno al Niño Dios y Hombre que asume nuestra humanidad y nuestra realidad para liberarla desde adentro; que “se hace pobre para enriquecernos con su pobreza”, como no pueden entenderlo quienes se enriquecen con la pobreza de sus hermanos y hermanas. Esta Navidad queremos renovar el compromiso, como cristianos, de unir nuestras voces y echar nuestra suerte “con los pobres de la tierra”, para que Jesús nos encuentre junto a sus predilectos, y con ellos y ellas caminemos haciendo juntos una historia de vida, de liberación y de esperanza.

 

Nota aclaratoria:

(*) El derecho internacional llama "deuda odiosa" a aquella que es contraída por una dictadura sin el consentimiento del pueblo. Es decir: no se debe pagar una deuda contraída al margen de la ley y sin consentimiento del que se ve obligado a pagarla, o sea el pueblo argentino. Existe actualmente un Proyecto de Ley que impulsa la investigación sobre la legitimidad de la deuda que la mayoría de los diputados se niega a tratar y que los sucesivos presidentes han ignorado. Sólo la presión popular pacífica puede exigir su tratamiento. Es de notar que cuando el General San Martín asumió el Gobierno en el Perú afirmó que aquel país no iba a reconocer las deudas del gobierno español que hubiesen sido contraídas para mantener la esclavitud en ese país y hostilizar a los demás pueblos independientes de América.

 

 

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